Nuestra fundadora

Un 13 de abril de 1880, se pone en marcha en Buenos Aires, una Congregación religiosa cuyo lema: VOLAR A TODAS PARTES DONDE EL DOLOR DEL PRÓJIMO NOS LLAME, fue lo que animó a un grupo de mujeres para consagrarse a Dios y de esta manera servir al prójimo.
La fundadora, una santiagueña nacida en Salavina en 1817, Mercedes del Niño Jesús Guerra. Córdoba, fue el lugar que su padre al enviudar, eligió para que sus hijas más pequeñas tuvieran una educación adecuada, junto a sus hermanas, Mercedes, asistió constantemente a los hospitales de sangre, comunes en estos tiempos por los continuos enfrentamientos entre unitarios y federales, llevando vendas y atendiendo a los soldados caídos. Creció observando el sufrimiento y las necesidades de la época, es por eso que no sorprende sus deseos de consagración, que la trasladan hasta el convento de las monjas capuchinas en Buenos Aires.
Mercedes, durante la segunda mitad del siglo XIX, marcara una porción de la historia argentina. Su vocación de servicio, caridad y amor al prójimo, la llevan a protagonizar un hecho sin precedentes en la ciudad de Buenos Aires. En 1867 se produce una explosión del cólera y en 1871 la fiebre amarilla, azota a una castigada Buenos Aires. Sin temor, decide salir casa por casa, a buscar a los enfermos para atenderlos, olvidándose de su propia fragilidad y salud.
Tiempo más tarde, su frágil salud se ve quebrantada aún más cuando inesperadamente queda ciega y empieza a padecer agudos dolores en sus ojos. La Sierva de Dios, padece de glaucoma. Esta situación no logra doblegar a Mercedes, la cual después de un año y medio en total oscuridad, empieza una novena a la Virgen de Lourdes, mojándose los ojos con agua traída desde la gruta de Lourdes en Francia.
Durante el rezo de la novena, Mercedes hace la promesa de fundar una Congregación destinada a la atención de enfermos a domicilio. Su fe y su esperanza se ven recompensadas con un excelso milagro: recobra la vista y su entrega a Dios la encamina para empezar a buscar los medios necesarios que le permitan fundar una Congregación, años más tarde y siempre respondiendo a las necesidades sociales que la época les planteaba, fundaron orfanatos e Institutos educativos.
Podemos decir sin lugar a dudas, que la vida de Mercedes, en aquella época y en la actualidad, es un llamado a refundar y a tener una nueva comprensión de la solidaridad y del bien común.
En 1900, Mercedes viaja a celebrar el Jubileo en Roma, al verla, el Papa León XIII, tan anciana, dominada por la fragilidad, pero sabiendo que tenía al frente a una mujer cuya vida había sido sublime, exclamo: ¡Eh aquí el tipo de mujer fuerte!
Al año siguiente, un 31 de julio de 1901, Mercedes nos deja, pero, se va entregándonos un proyecto de vida que nos muestra cual es el camino que debemos elegir, si buscamos ser como el buen samaritano, si queremos que el bien sea común.
Su vida es ejemplo para cada ciudadano y para cada creyente, porque todo bautizado está llamado a ser Buena Noticia para sí mismo, para su comunidad y el mundo entero.
Brindamos una educación integral, en todos sus niveles, procurando que la formación espiritual y académica acompañe a los principios de la filosofía franciscana
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